Perdonando a los que nos ofenden

    “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;”

    Mateo 6:14 RVR1960

    El perdón es disculpar a otra persona por una acción considerada ofensiva, renunciando a vengarse, reclamar un castigo justo o restitución. Perdonar ayuda a apaciguar la ira interior tras un daño recibido y ayuda a restablecer el equilibrio y la paz personal, mientras para la persona perdonada disminuye el sentimiento de culpa. La acción de perdonar no implica olvidar, ni justificar al daño, tampoco hacerse amigo del que te ocasionó el mal, pero ayuda a continuar con nuestra vida.

    En la actualidad, son muchas las muestras de falta de perdón, presentes en películas de diversos géneros en los que la venganza es el eje temático, canciones de artistas de moda en las que enseñan el mensaje de que perdone Dios, porque ellos no lo harán. Y en la radio, lugares públicos y de esparcimiento, reproducen esa música que pone en la mente de niños, adolescentes y jóvenes el no perdonar.

    Jesús de Nazaret es claro cuando, en esta porción del Sermón del Monte, condiciona el perdón de Dios a si nosotros somos capaces de perdonar a los que nos ofenden. A los cristianos se nos han perdonado nuestros pecados, por los cuales merecíamos la muerte, y por gracia, Cristo murió por nosotros, para comprarnos a precio de sangre mediante Su sacrificio. Haber recibido este perdón tan grande, que solo podía ser pagado con nuestras vidas, y no ser capaces de perdonar una ofensa que se nos haga, no solo es un mal agradecimiento, sino una ofensa a Aquel que dio Su vida por nosotros.

    Muchos viven sus vidas con amargura y resentimiento. No son capaces de seguir adelante y están detenidos en un hecho del pasado. Y entre estos hay muchos cristianos que han olvidado cuánto deben a Dios. Y es Él mismo quien nos llama hoy a que mostremos la transformación obrada en nosotros, a que perdonemos del mismo modo en que el Todopoderoso lo hace cuando pecamos y venimos a Él arrepentidos por haber actuado mal, somos llamados a demostrar que en nosotros hay amor y no rencor, benignidad y no maldad. Cristo perdonó a los que lo crucificaron, ¿Cómo podríamos nosotros no perdonar a los que nos ofenden?

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