“Así será a tu alma el conocimiento de la sabiduría; si la hallares tendrás recompensa, y al fin tu esperanza no será cortada.”
Proverbios 24:14 RVR1960
Existe una marcada tendencia a incentivar y recompensar la adquisición de conocimiento en nuestros días. Las personas cursan carreras universitarias, hacen postgrados, maestrías y doctorados con la intención de validar sus conocimientos. Aunque el conocimiento adquirido por los seres humanos depende de la información, no hay una relación directamente proporcional entre ellas. Estamos en la era de la información, en la que se genera más contenido del que se puede llegar a leer, y cada ves se le presta menos atención.
La sabiduría, por su parte, tiene un marcado sentido práctico. Es poner el conocimiento en función de resolver problemas. En este pasaje de Proverbios unido al versículo anterior, se nos dice que como la miel es dulce al paladar, así será al alma el conocimiento de la sabiduría; si la hallamos tendremos recompensa, y al final la esperanza no será cortada. Es también reiterativo ver que se nos dice una y otra vez que el principio de la sabiduría es el temor a Dios. Pero también que la sabiduría es dada por Él. Conocer a Dios, saber que existe, obedecer Sus preceptos y mandamientos, relacionarnos con Él y apartarnos del mal son prácticas comunes que dan muestra de sabiduría.
Muchas personas se consideran sabias porque tienen títulos y estudios teóricos de diversas materias, sin embargo, no saben resolver asuntos simples de la vida por carecer de conocimientos prácticos. Dios es fuente de conocimiento y sabiduría. Solamente si confiamos y dependemos de Él, podremos verdaderamente hallar recompensa y esperanza, pero no de sabiduría terrenal, sino de eterno.
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