“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”
Juan 10:27 RVR1960
Puede resultar impresionante como las ovejas son capaces de percibir y seguir la voz de mando del pastor que las lleva a pacer. Cuando se las llama, todas acuden. Obedecen con docilidad los mandatos para salir a pastar o regresar a casa. Sin embargo, si es otra la voz que les dice las mismas palabras, no hacen caso de ellas, porque saben identificar al pastor que las cuida y apacienta.
Cristo usa esta ilustración para referirse a los que le siguen, cuando dice en este versículo: Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen. Jesús nos conoce a cada uno de nosotros, sabe cuáles son nuestras virtudes y defectos, que nos hace mover y que conmueve nuestro corazón. Precisamente por esto, cual pastor que conoce a sus ovejas, sabe como tratar con cada uno de nosotros diferenciadamente. Por su parte, cada seguidor de Cristo sabe identificar Su voz y Su voluntad para nuestra vida. Entendemos que nos cuida, guarda e intercede por nosotros, y precisamente por su sacrificio por nosotros, le seguimos.
En la Biblia vemos la voluntad de Dios y está trazado nuestro camino a seguir, pero con una comunión directa, podemos relacionarnos más profundamente. En un mundo en el que tantas voces distintas nos tratan de confundir y hacernos caer, debemos poder identificar la voz de nuestro Señor, y seguirla. Solo en Él encontraremos verdadero refugio y salvación.
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